Reseña de la cinta Sin Reservas

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¿Qué serí­a de este mundo sin la comida?, ¿Qué serí­a de este mundo sin el amor?, ¿Qué serí­a de la pantalla sin el rostro de Catherine Zeta-Jones?

Tal vez mi última pregunta sea un poco exagerada, pero definitivamente es motivo suficiente para pagar un boleto y meterse a la sala. Sin embargo, en esta ocasión y obviando la estética de la protagonista, Sin Reservas fue una grata sorpresa culinaria.

Sazonada a fuego lento y con el sabor de tres protagonistas que saben lo que hacen, Sin Resrvas es una comedia romántica ligera, es verdad, no obstante tiene su carga dramática que nos hace recordar que en la vida nada es perfecto y que sin embargo, el Gran Chef del universo siempre dispone del orden de los ingredientes por alguna misteriosa razón.

Kate es una chef exitosa que trabaja en un pequeño pero reconocido restaurante de Nueva York. Su jefa, Paula, dueña del lugar, gusta de presentarles a sus comensales a la gran chef, quien sin embargo detesta hacer esas salidas de su cocina; aunque quizás lo que detesta aún más es que un cliente “ignorante” critique su comida. Es entonces cuando Paula ruega porque Kate mantenga la boca cerrada detrás de las parrillas.

A la vida de esta mujer exitosa llegara un pequeño pero inesperado visitante, Zoe, su sobrina, quien por condiciones dramáticas del destino, deberán vivir juntas.

El choque es inminente: Zoe extraña a su madre y se siente incomprendida; mientras Kate no sabe qué hacer con una niña, con su comida, con sus horarios. Baste decir que en lugar de prepararle unos simples hot cakes para desayunar, le dispone un guiso de pato, que sin duda alguna serí­a suculento… ¡pero no es comida para niños!

Para complicar aún más la vida de Kate, Paula, la dueña del restaurante, decide contratar a Nick, otro chef para apoyarla, comprendiendo que su ritmo de vida ha cambiado. Sin embargo, Kate toma al simpático Nick como competencia, pensando que se quiere quedar con su puesto; de modo que lo que tuviera que ser un auxilio se vuelve un problema más.

Es ahí­ donde la comedia halla su punto de cocción, en el choque de personalidades de cada personaje, en los sabores tan disí­miles; por un lado la dulce Zoe, en el otro la autosuficiente Kate y en un tercer plano el desenfadado Nick ¿Como converger estos tres ingredientes tan distintos, a veces tan opuestos entre sí­? Tal vez como lo hacen los alimentos en la cocina, donde el dulce, el picante y la sal pueden en ocasiones mezclarse y hacernos descubrir tesoros para el paladar.

Tal vez un poco sobreactuada y algo precipitada, no obstante, Sin Reservas es un buen plato para degustar el fin de semana; para pasar una tarde veraniega de un cine un poco más terrenal y menos fantasioso tras los espectaculares resabios de Spider-Man, Fantastic Four, Transformers y Harry Potter.

Un filme colorido, nostálgico, reflexivo, donde el peso de la historia no radica en ir a ver los rostros de los protagonistas, sino en entender que la vida puede cambiar de un bocado a otro y hay que saber lidiar con el cambio. Una pelí­cula que es también una oda al buen paladar y a su inevitable pecado, la comida. Una cinta para salir de la sala y definitivamente ir a cenar a un buen restaurante; después de todo, quién puede resistir una abundante pasta, unos jugosos medallones acompañados de fiel papa y una copa de Cabernet Sauvignon.

Bon appetit.

Ví­a

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