Mi hijo es homosexual ¿qué hago?

El complejo proceso de tener un hijo gay

(El mercurio)Carmen Rodrí­guez F.

Según Alejandra Aravena, sus padres se llevan demasiado bien. Salen, tienen amigos, y aunque ya pasaron los 50 años, se divierten juntos como adolescentes. La única vez que los vio en un conflicto fuerte, que les duró casi un año, fue cuando ella les contó que era lesbiana.

"No sabí­an qué postura tomar. Y entraron en un espiral de buscar un culpable, una causa, una razón. Se inventaron mil teorí­as. Y en esa búsqueda de la quinta pata del gato entró de todo: desde que mi pareja me habí­a lavado el cerebro hasta que, según ellos, no habí­an sabido demarcar bien los roles frente a mí­ porque no peleaban nunca…", cuenta Alejandra.

¿Qué hicimos mal? Es la primera pregunta que surge en padres y madres de hijos/as homosexuales. Para la gran mayorí­a, esta revelación les provoca dolor, miedo y culpa. El siquiatra Carlos Zúñiga afirma que esto suele ser vivido "como una catástrofe, un verdadero drama familiar".

Los padres suelen vivirlo como una fuerte ruptura de sus expectativas, de sus sueños en torno a ese hijo, los que suelen incluir la formación de una familia y la llegada de nietos, explica el doctor. A esto se suma, "una condena histórica a la homosexualidad, la que incluso hasta hace pocas décadas, era considerada una patologí­a".

Entonces, que los hijos salgan del clóset pone en marcha una serie de temores en torno a una vida emocionalmente inestable y, sobre todo, a la discriminación y al rechazo de la sociedad.

"El mechón de canas de mi padre lo atribuyo a ese tiempo, a la crisis que tuvieron cuando les conté", dice Alejandra. Ella es directora de la radio por internet Número Crí­tico, dedicada a temas lésbicos. Y de los múltiples testimonios que ha conocido, afirma: "El primer año es el más difí­cil. Después, vienen la resignación o el rechazo total".

Y ese rechazo, afirma el doctor Zúñiga, puede tomar desde las formas más brutales (como expulsar de la casa al hijo o hija) hasta las más sofisticadas: "Llevarlos a un especialista para que los 'mejore' o ignorar por completo el asunto y decirle al hijo 'no me toques más ese tema' ".

"El proceso de aceptación real de la homosexualidad de un hijo es muy difí­cil", advierte el doctor Zúñiga. "Y no suele ser lo más frecuente. La mayorí­a de las personas queda a mitad de camino".

Sin embargo, hay algunos que lo logran. Y que, tras el shock inicial, comienzan un proceso de aceptación.

Se trata de un largo camino, que se inicia con los cuestionamientos paternos, con la necesidad de una explicación. Fue lo primero que sintió Victoria cuando su hijo de 25 años le reconoció su homosexualidad: "Al principio me dio una rabia enorme. Lloré de pena y de rabia porque no sabí­a en qué habí­a fallado. Le pregunté si le habí­a pasado algo cuando chico (alguna experiencia de abuso), y me dijo: '¡No, mamá, yo nací­ así­!' ".

La sicóloga Soledad Cartagena coincide con Carlos Zúñiga en que parte fundamental del proceso es entregar a los padres información sobre el tema para derribar mitos y prejuicios. "Y por más que uno les explique que tras la orientación sexual de una persona hay múltiples factores, siempre les vuelve la pregunta ¿por qué pasó?, ¿qué hicimos? Al final, aprenden a vivir con esa pregunta, la cual, en la medida en que aceptan al hijo, se va haciendo menos presente", dice la profesional.

El doctor Zúñiga afirma que una etapa de sanciones hacia ese hijo será inevitable y cobrará diversas formas. "Y muchas veces los jóvenes aceptarán estas sanciones en un intento de buscar un acercamiento con los padres".

Según Alejandra Aravena, esta búsqueda de la aprobación paterna los lleva "a tratar de ser los mejores alumnos, los mejores amigos, los mejores hijos…".

El camino a un posible entendimiento llega, a veces, cuando los padres buscan la ayuda de un especialista. Entonces, afirma el siquiatra, "se debe precisar si efectivamente el joven ya tiene clara esa opción, y no que se trate de un dilema de identidad no resuelto". Si es lo primero, agrega, se debiera apoyar a los padres para que entiendan de qué se trata lo que le ocurre al joven. "La última fase es la de un aprendizaje con el hijo: escucharlo, saber qué le pasa, qué siente".

Sin mentiras

En esta necesidad de entender a su hijo, Ana (62) recibió su confesión casi con alivio. Él habí­a sido lí­der en su colegio, era futbolista, tení­a éxito con las niñas, pololeaba. "Después de sacarse 800 puntos en la PAA y entrar a estudiar lo que querí­a, mi hijo se sumió por años en una profunda depresión. No querí­a vivir, pasaba meses en cama, y nosotros no sabí­amos por qué. Finalmente supimos que lo que lo tení­a mal era haber descubierto su orientación homosexual y sentir que nos estaba mintiendo a todos. Por eso, cuando logró contarnos, se curó".

Ana reconoce que, de todos modos, saber esta verdad fue duro: "Fue terrible y casi me morí­, pero por él, porque sentí­ que le esperaba una vida complicada. Sin embargo, fue un alivio saber por qué estuvo tanto tiempo sin ganas de vivir".

La aceptación de sus padres, relata Alejandra Aravena, vino cuando ellos se dieron cuenta de que ella era feliz con la opción de asumir su orientación sexual. "Entonces, dejé de luchar y de buscar explicaciones", le confesó su madre.

Cuestión de hombres

Aceptar la homosexualidad de un hijo hombre suele ser mucho más difí­cil para los padres que para las madres. "En una cultura machista como la nuestra, los hombres sienten una especie de cuestionamiento a su propia virilidad. Sienten que no fueron un modelo suficientemente masculino. Y eso lo viven con mucho dolor, aunque no suelen verbalizarlo", explica la sicóloga Soledad Cartagena.

Una excepción es Joaquí­n (54), un declarado humanista, que recibió la revelación de su hijo a través de un e-mail:

"Yo ya habí­a intuido lo que le pasaba. Después de los 20 años, él dejó de pololear con niñas. Yo percibí­a que estaba en una lucha interna, pero no podí­a hacer nada. No podí­a apurar su proceso". Hasta que llegó el correo electrónico con su confesión y su solicitud de comprensión.

Joaquí­n no dudó en darle su apoyo. Pero no dejó de decirle "que cuidara su intimidad en un mundo tan violento y discriminador". "Le pedí­ que se cuidara, pero que no dejara de luchar por su libertad. Para mí­ fue importante que mi hijo confiara en mí­".

Dura prueba

No todos logran la aceptación de un hijo gay. Quienes lo hacen dicen sentirse mucho más cerca de ellos que antes.

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