Mamás que trabajan

Madres que trabajan
Dinorah Valladares

He querido escribir esta nota porque en el dí­a a dí­a me encuentro con amigas muy trabajadoras que aman a sus hijos y, por lo mismo, viven su profesión con culpa: sienten que laborar fuera de casa traerá problemas de todo tipo a su prole.

Yo, como hija de una mujer enamorada de su profesión y quien trabajó asalariadamente durante toda su vida, puedo dar testimonio de que, lejos de ser una mala experiencia, puede resultar sumamente provechosa y edificante para todos los miembros de la familia.

Para comenzar déjame decirte que, si bien hoy en dí­a es muy común que las madres trabajen también fuera del hogar (sea por elección propia o por necesidades económicas), a mí­ me tocó vivir la experiencia de que mi madre lo hiciera cuando para nada era norma que las mujeres estudiaran (en los años 50) y trabajaran fuera de su hogar. Habrá que dar crédito también a mi padre, quien la apoyó ciento por ciento para que se desarrollara profesionalmente, y eso no es poca cosa…

Mi madre estudió la licenciatura y se recibió de Quí­mica fármaco-bióloga por la UNAM, en 1957. Es relevante para nuestra historia contarte que ella nació en una pequeña población del estado de Querétaro, México. Cuando le comunicó a mi abuelo que querí­a estudiar y tendrí­a que mudarse a la capital para lograrlo, la respuesta automática fue:”y para qué quieres estudiar… No está bien que una señorita deje su casa sin haberse casado, y mucho menos para estudiar”.

Pese a todo, mamá estaba decidida a lograr su sueño y convenció al abuelo de que le permitiera viajar, primero a la capital del estado y posteriormente al Distrito Federal. Ya en la gran ciudad tuvo que combinar los estudios con distintos trabajos, desde locutora de radio, vendedora de telas, confección de trajes, etc. para obtener ingresos que le permitieran terminar su carrera.

Todo ello seguramente influyó para que después de tantos esfuerzos por alcanzar su meta, decidiera que querí­a ejercer su profesión aun después de casarse. Ella ingresó a unos laboratorios del sector público y laboró ahí­ por 33 años. Durante ese tiempo me tuvo a mí­ y a mi hermana, sin interrumpir sus actividades profesionales pues la quí­mica realmente la apasionaba. En más de una ocasión le escuché decir que si volviera a nacer ¡volverí­a a estudiar para quí­mica!

Desde mi perspectiva, el hecho de que mi madre no estuviera todo el tiempo en casa determinó que tanto mi hermana como yo nos volviéramos más responsables. Cuando hablaba del tiempo que pasaba con nosotras, nos decí­a:”más vale calidad que cantidad”. Este punto es de vital importancia pues alguien satisfecho y realizado con lo que hace, puede darse con más generosidad y amor hacia los demás.

Mi madre trabajaba de 8 de la mañana a 2 de la tarde, de lunes a viernes; los sábados iba de las 9 a la una de la tarde. Al comienzo nos dejaba a cargo de una tí­a y posteriormente contrató a Lala, la queridí­sima nana que nos brindó cuidados y cariños invaluables. Sin su ayuda seguramente la historia habrí­a sido muy diferente.

Sobra decir que siempre me sentí­ muy orgullosa de decir que mi madre era quí­mica y ejercí­a su profesión. Esta fue una experiencia que marcó mi vida, pues ahí­ comprendí­ con claridad que cuando una desea algo y trabaja para lograrlo, lo alcanzará. No hay nada comparable a la satisfacción de alcanzar tus metas y materializar tus sueños.

Mi rutina diaria la recuerdo así­: levantarnos, asearnos y vestirnos; tomar un rápido desayuno y alistarnos para que mi padre comenzara el”reparto” en el auto familiar: primero, mamá a su laboratorio, luego mi hermana y yo a la escuela, y al último mi padre a su trabajo. Al mediodí­a papá nos recogí­a y comí­amos juntos (sólo los tres, pues modificaron el horario de mamá para no ir los sábados; a cambio, salí­a diariamente a las 5:30 de la tarde). Luego hací­amos las tareas escolares. Una vez que ella llegaba, compartí­amos el resto de la tarde y frecuentemente nos llevaba a algún sitio (al cine, al parque, a dar una vuelta…) Lo pasábamos muy bien aun si sólo permanecí­amos en casa.

A pesar de que mamá trabajaba buena parte del dí­a, yo nunca tuve la sensación de que no nos atendiera, pues ella se ocupaba de cocinar (solí­a hacerlo los fines de semana o a su regreso del trabajo, para el dí­a siguiente) y estaba al pendiente de nuestras necesidades; por ejemplo, nos hablaba por teléfono para preguntar cómo nos habí­a ido en la escuela, qué tení­amos de tarea y si habí­a que comprar algo para realizarla. En este sentido, siempre nos hizo ver que si bien ella estaba al tanto para ayudarnos, era nuestra responsabilidad estudiar antes de que regresara, de modo que al volver pudiera revisarla y afinar los detalles que fueran necesarios.

Cierto es que no todo fue color de rosa. En los tí­picos festivales escolares era frecuente que ella sólo pudiera estar presente un rato, o inclusive que no pudiera asistir, pero aún en esos momentos se hací­a cargo de explicarnos la situación y, sobre todas las cosas, hacernos sentir que su cariño, amor y dedicación estaban más allá de su asistencia a estos eventos.

Te diré que lo más importante es que, gracias al ejemplo de mi madre, estudiar una carrera universitaria, trabajar toda mi vida y saberme responsable de mis acciones y decisiones, luchar por mis convicciones y objetivos, ha sido una realidad cotidiana, una cuestión tan natural como respirar.

Fuente

2 comentarios sobre “Mamás que trabajan”

  1. ME HA HECHO SENTIR MEJOR TU TESTIMONIO DE VIDA, SOY UNA MADRE QUE TRABAJA TODO EL DÍA, PERO ESTOY PENDIENTE DE ELLOS POR TELÉFONO CUANDO LLEGAN DEL COLEGIO, TRATO DE IR LO MAS PRONTO POSIBLE PARA ESTAR CON ELLOS,CONVERSAR SOBRE LO QUE HICIERON EN EL DÍA,
    GRACIAS POR TU TESTIMONIO, ME AYUDA

  2. de verdad que que padre que tuvieras está oportunidad de ver a tu mami crecer y desarrollarse exitosamente ,a veces es muy dificil tener un equilibrio en tu vida,ahora que yo soy mama (tengo una bebe de 8 meses) entiendo la importancia que implica, aun no he podido desprenderme de ella, y tuve que dejar de trabajar, aveces como mujer profesionista(soy diseñadora) añoro el estress y el ritmo devida que solía tener cuando laboraba, pero al despertar y ver la sonrisa de mi nena, vale la pena, estoy haciendo un sacrificio, aunque sea temporal, pronto la mandare a la guarderia y retomare mi vida de nuevo,quieres un consejo, escucha tu corazón, y sigue tu instinto , y si tienes las posibilidades de dejar de trabajar por un período corto adelante, yo en definitiva no me arrepiento de nada, no hay forma de volver a verlos bebes.
    respeto la opinio de cada una , pero en definitiva yo no pude hacerlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *