Los siete secretos de la felicidad

Vamos deambulando por el mundo soñando con ser felices; de niño creemos que sucederá cuando crezcamos; de adolescentes, cuando tengamos pareja; de casados, cuando tengamos niños; cuando somos padres, cuando nuestros hijos se realicen y cuando esto sucede nos damos cuenta que la vida se nos ha ido y entonces suspiramos por la felicidad que no conocimos mientras tuvimos tiempo.

Pues bien, sin importar la edad que se tenga, aquí están los siete secretos para lograr la felicidad.

1.- La felicidad no depende de donde, no depende de cuando. La elección de ser feliz o desgraciado es personal. No puedes controlar el mundo, pero te puedes controlar a ti mismo.

2.- Si puedes controlarte a ti mismo, también puedes controlar tu cuerpo. Una alimentación adecuada y ejercicio constante, rompe el estrés, elimina toxinas y genera endorfinas que, biológicamente comprobado, nos hacen sentir mejor.

3.- La felicidad está en los momentos cotidianos. Si tuviera que elegir cuando fui realmente feliz, recordaría los momentos en que abracé a mis hijos o las pequeñas charlas de café con mi pareja cuando eramos novios. La felicidad no es la respiración repetida, sino esos pequeños instantes en que se nos fue el aliento de emoción.

4.- La felicidad les pertenece a aquellos que logran sus sueños; pero los sueños sólo se logran cuando tienen caminos trazados y fechas señaladas. Sólo aquellos que hacen planes llegan a ser felices.

5.- Ríe. Cuando el ser humano sonríe, genera endorfinas que provocan una actividad optimista del cerebro y por tanto… felicidad.

6.- Retén menos y da más. Olvídate de supersticiones o karmas; si no quieres creer no creas, pero por alguna razón inexplicable, lo que uno da, regresa; odio, amor, alegría, perdón. Da aquello que quieras recibir.

7.- Cree. En Dios, en la vida, en el destino, en un poder superior. La fe da paz, armonía y unidad; además, solo un necio negaría la presencia silenciosa pero perfecta y omnisciente de un espíritu vivo detrás de la excelsitud del universo. Es imposible decir felicidad sin comenzar diciendo “fe”.

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