La salud espiritual se transforma en salud fí­sica

La metafí­sica de la salud.

Cada dí­a que pasa sabemos más del funcionamiento de la naturaleza, al mismo tiempo que intentamos responder a preguntas inquietantes como: ¿Por qué caemos enfermos? O ¿por qué se desarrolla un cáncer en nuestro pecho y no en el colón? O ¿por qué padecemos un tipo de enfermedad en vez de otra?, o sobre todo ¿por qué sucede ahora cuando todo parecí­a ir bien en mi vida? A lo largo de la historia de las ciencias médicas estas preguntas han conseguido muy pocas respuestas. Sólo muy recientemente la psicosomática, la ciencia que estudia la relación de los pensamientos y las emociones en el nacimiento de las enfermedades fí­sicas empieza a dar alguna respuesta. Incluso la medicina paralela, no convencional o alternativa, tiene muchos problemas en su afán de ser lo más”cientí­fico” posible, para entender o explicar estas cuestiones.

La gran mayorí­a de las personas atribuyen a la suerte, o al azar, o quizás a un poder superior la causa y la razón de todo lo que les acontece en la vida. Por ello nunca intentan verificar la verdad sobre los hechos que les ocurren y prefieren optan por una actitud conformista, alimentando una postura interna de ví­ctimas que las hace sentirse apenadas. Quedan hipnotizadas por la idea de su impotencia frente a ciertos acontecimientos que consideran difí­ciles y sobre los que no desean tener ningún control ni responsabilidad.

Es corriente en las situaciones dolorosas que nos afectan a nosotros mismos o a familiares cercanos que las personas se acobarden, en vez de resistir con valor y determinación. Muchas personas cuando no entienden la causa de ciertas desgracias justifican su conformismo con frases como:”Dios o el destino lo quieren así­” o”Nada acontece que no tuviera que acontecer”. Mientras otros prefieren revelarse para intentar desvelar la verdadera realidad de los hechos. El conformismo o la rebelión nos mantiene en una actitud de victima. Y el victimismo es sin duda el mayor obstáculo para nuestro progreso.

¿Quizás tú también pienses de esa manera y creas que es la suerte o el azar, los accidentes, las catástrofes, los dramas o las alegrí­as, en definitiva todos los acontecimientos que se suceden a lo largo de nuestra vida, son independientes de tu voluntad? Quizás consideres que es la casualidad lo que provoca las situaciones desdichadas e imagines que existe algo exterior moviendo los hilos de tu vida, sin que tú tengas ninguna participación en ello. ¿Quizás pienses que tus problemas son provocados por la envidia de otros o qué es el destino y no tu condición interna? Si crees en esto, probablemente vivas en medio de las amarguras del sufrimiento, debido a que te dejas llevar por el ritmo de los acontecimientos y sometido al dominio de una fuerza que consideras independiente de tu voluntad. Pensar de esta manera causa muchas complicaciones y sufrimiento e impiden la expresión de la vida. Aquel que se juzga victima cree que está en el mundo para sufrir. Alimentar pensamientos de este tipo no le permitirán usar el poder transformador de los acontecimientos desagradables y edificar una vida mejor.

Si tiene algún problema fí­sico es importante que descubras que aspecto de tu vida no está fluyendo adecuadamente. La enfermedad es la manifestación de nuestros conflictos internos. Antes de que la somatización ocurra la persona presenta ya problemas de orden emocional como angustia, depresión, miedo… Esta condición interna es un aviso de que su actuación en la vida es inadecuada a su carácter. Denota una postura de alguien que se boicotea a sí­ mismo por satisfacer a otros y se desví­a de su verdadero Ser. La razón de que este mecanismo exista es para servir de alerta y no para castigarnos. Es la forma en que podemos ser conscientes del daño que nos causamos a nosotros mismos. Desde el momento en que hay una reubicación interior, la armoní­a se altera y consecuentemente se altera la salud.

Una vez somatizada la enfermedad es preciso tener un tratamiento médico para restablecer la salud. Junto con el uso de los medicamentos adecuados es también necesario cambiar las actitudes adecuadas que nos causan daños emocionales y fí­sicos. Las medicinas curan lo fí­sico, fortalecen temporalmente el cuerpo y eliminan los sí­ntomas, pero si no cambiamos las circunstancias internas de las que nace la enfermedad, esta volverá a surgir en otra parte del organismo.

Para evitar que esto suceda, además de las medicinas prescritas es necesario cuidar nuestras emociones y nuestro espí­ritu. Para ello es necesario revisar nuestra ecologí­a: ¿Quiénes son aquellos con los que convivimos?, ¿cuál es el ambiente emocional de nuestra vida? Estas cuestiones nos obligan a revisar nuestras relaciones familiares, profesionales, de amistad, así­ como nuestro modo de divertirnos, al mismo tiempo que iniciamos acciones para sanar nuestro espí­ritu.

Muchas personas no ven la necesidad de sanar su espí­ritu, simplemente por qué no lo ven, o no creen que exista. Ellas no son conscientes que el árbol de la enfermedad tiene sus poderosas raí­ces en el espí­ritu y que aunque hayas eliminado los sí­ntomas, la enfermedad, ese tronco de dolor, con el tiempo volverá a florecer. La curación global consiste en curar nuestro cuerpo, sanar nuestras emociones y restaurar nuestro espí­ritu para que desde este nivel tan profundo se pueda extender la salud a todo el cuerpo. Sólo cuando este proceso es completo puede hablarse de curación.

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