La Importancia de las Personas Mayores

Mi abuelo Emilio

Este trabajo podrí­a ser una redacción, también un cuento, porque lo que narro le puede haber ocurrido a cualquiera, o no haberle pasado esto, sino cosas parecidas. Tomadlo como queráis. Yo cuento y vosotros…

Desde que tengo uso de razón, mi abuelo Emilio siempre me ha contado infinidad de anécdotas, consejos y muchas otras historias. Cuando yo tení­a seis o siete años í­bamos a su pueblo: Morata de Tajuña. Al llegar siempre me impresionaba una higuera muy grande y una puerta de grandes dimensiones que la abrimos al pasar el coche.

Cuando bajaba, lo primero que hací­a era ver a mis abuelos y luego empezaba a jugar con ellos, a meterme en las cuadras, etc. Mi abuelo siempre ha bebido agua de la “Fuente del Bosque”, y yo iba con él al “Bosque” a por agua, que en realidad era un parque lleno de pinos. Cuando cogí­a el agua se sentaba conmigo en un banco y me contaba lo que a mí­ más gusta: “las historias de la guerra” y cuando terminaba me solí­a dar un consejo que casi siempre olvidaba. Pero nunca olvidaba las historias de la Guerra Civil.

Muy frecuentemente me contaba una en la que se encontraba en un monte leyendo una carta de un amigo y de repente se empezaron a oí­r tiros y bombas, les estaban bombardeando unos aviones llamados Junquers 52. Él dice que se tiró al suelo y se escondió detrás de una roca, pero que la carta se le perdió. Su consejo era que siempre hay que estar alerta y precavido, ya que “hombre precavido vale por”. Por eso yo siempre cuando voy por el campo estoy muy, muy alerta y mirando para todos los sitios.

Cuando terminaba subí­amos a casa y siempre me compraba unas “gominolas” en casa Julia, una tienda de ultramarinos. Más tarde comí­amos en casa y me seguí­a contando cosas, algunos muy bonitas, y otras en las que demostraba su ingenio para convertir cualquier cosita en una larga historia. A medida que iba siendo mayor, él ya no andaba tanto como antes, pero me seguí­a contando algunas cosas, algunas de ellas eran, como dice él “mentirijillas”. Una vez me dijo que le habí­an pegado un tiro en el brazo y que se habí­a muerto, pero lo del brazo era una cicatriz de un corte y lo que se habí­a muerto, pues…hasta que no fui un poco mayor no medí­ cuenta de que era imposible.

La mayorí­a de las personas mayores, también mi abuelo, suelen portarse muy bien con los nietos, y cuando te regañan tu padre o tu madre, ellos empiezan a consolarte, a decirle a tus padres que no te regañen tanto…El año pasado mi abuelo sufrió del corazón y estuvo en la U.V.I., y yo le fui a ver, y cuando llegué empezó a preguntarme cosas, como que qué tal iba en el colegio…

Todo quedó en un susto y a los seis dí­as se recuperó. Un dí­a me dió un consejo que no olvido: ” A veces es mejor esperar un maldito segundo y pensar, que hacer algo rápido y arrepentirse toda la vida”. Pues como si fuera una predicción, al dí­a siguiente por el camino a casa, me encontré a un chico y me empezó a insultar, pensé en pegarle, pero me di cuenta que tras unas ventanas habí­a cuatro chicos más al acecho, así­ que si le hubiera pegado me habrí­an dado una paliza. Entonces seguí­a para adelante y él me perseguí­a, yo empecé a meterme por unas callejuelas y le di el esquinazo.

Así­ no pasó nada y no me metí­ en un lí­o. Al dí­a siguiente se lo conté a mi abuelo y él me dijo que habí­a hecho bien. Otro dí­a me quedé sólo en casa con ellos dos (mi abuelo y mi abuela) y me contaron cosas de su vida, como por ejemplo que nunca hay que reí­rse de nadie porque sea más pobre que tú, o menos listo, ya que ellos dicen que la vida da muchas vueltas y a lo mejor si uno se rí­e del más pobre puede que le acompañe la suerte y monte un buen negocio o que le toque la “Primitiva” o la “Quiniela” y luego esté mejor, y puede que hasta tú le tengas que pedir algún favor.

También, cómo no, mi abuelo me contó más historias de la guerra y cómo un profesor me mandó hacer una entrevista, y yo le hice una de la guerra y mi entrevista salió en el periódico del colegio, y a mi abuelo le gustó mucho y me contó más historias que nunca antes me habí­a contado. Un dí­a hojeando un suplemento del periódico sobre el siglo XX vení­an los años 36-39 y empecé a recordar infinidad de cosas. Un dí­a me contó algo que me pareció muy gracioso, sucedió cuando él estaba haciendo la “mili”.

Dice que él era ya soldado y que le mandaron enseñar a un grupo de diez o doce reclutas. Si pasaba algo se lo tení­a que decir al teniente. Pero él hacia como que lo apuntaba en un papel y luego no lo decí­a. Dice que cuando juraron bandera muchos fueron “cabos”, y entonces, como él se habí­a portado bien con ellos, le regalaron muchas cosas. Me dijo que hay que portarse bien con los que al principio son inferiores, y no abusar. Pues el otro que les enseñaba no se portó bien y luego los que llegaron a ser cabo le mandaron barrer y otras tareas. Este dí­a me dió un consejo muy importante: “Ande yo caliente y rí­ase la gente”, y yo creo que es el más “guay” de los que ha dicho.

Yo creo que las personas mayores, o de la tercera edad, son como una mina, ya que saben muchos refranes y te dan muchos consejos que te pueden ayudar en muchos momentos y seguramente cuando mueran se perderán esos consejos, canciones, cuentos, chistes …

Tal vez muchas personas mayores no sepan mucho de Geografí­a, Matemáticas,…pero saben mucho de la vida, y eso es muy importante en el aspecto que te ayuda a solucionar problemas, te enseñan cómo hacer para no “meter la pata” y te hacen comprender los fallos y los defectos de los demás. Antiguamente las personas mayores eran consideradas en algunas civilizaciones como brujos, personas de consejos, etc… y se les daba muy buen trato, pero ahora muchos piensan que son estorbos y para quedar bien los llevan a un asilo y apenas los van a visitar.

Y algunos sólo los quieren por dinero o para estafarles.

Pero yo creo que es muy bueno hablar con las personas mayores. porque te enseñan cosas que en la mayorí­a de los casos sirven de gran utilidad y porque en toda sociedad debe haber niños, adolescentes, jóvenes, adultos y mayores, si no serí­a una sociedad falsa e incompleta, pues todos nos necesitamos.

P.D. Me gustarí­a que esta relación o cuento sirviera para que algunas personas cambiaran y empezaran a tratar mejor a los ancianos.

ílvaro Moreno Puerta 2º de ESO.

Colegio Público Miralvalle Plasencia (Cáceres)

( Este artí­culo obtuvo el primer accésit en el Concriso de Cuentos Infantiles sobre Personas Mayores convocado por la Consejerí­a de Bienestar Social de la Junta de Extremadura (España) en el año 2000.)

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