Ganó el mexicano… qué tristeza

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No, no me malentiendan. El triunfo de Guillermo Pérez me arrancó la sonrisa más grande de los últimos días y me lleno de emoción. La medalla del mexicano fue merecida y realmente suya… sólo suya.

Lo triste vino después, cuando la emoción se desbordó y se exacerbó; durante horas y horas las televisoras repitieron hasta lo que fue para muchos, el hartazgo, la pelea del mexicano. Asimismo, se transmitió la alegría pletórica de muchos que a poco se transformó en plegaria —¡Gracias! ¡Gracias, Guillermo!— gritaba uno de los entusiastas aficionados que lucía un rostro como aquellas caras europeas de mediados de siglo pasado cuando se les informaba que Alemania se había rendido tras seis años de guerra. Sólo que en aquel entonces, la plegaria rezaba ¡Gracias a Dios!

El hecho denota una tristísima realidad: a los mexicanos nos urgen héroes; los necesitamos desesperadamente, no importa si son carismáticos como Pedro Infante, cómicos como Cantinflas o Chespirito, atléticos como El Santo o… ganadores de medalla como pocos, muy pocos de nuestros deportistas.

Como bien señaló Octavio Paz en su obra cumbre, El Laberinto de la Soledad, el sentirse y el saberse solo, desprendido del mundo y ajeno a sí mismo, es una actitud natural del mexicano; por ello busca la fiesta, el compadrazgo, los colores violentos -para que se vean-, los gritos desgarradores… todo para abandonar esta brutal orfandad que vivimos desde la conquista, esta maldita soledad.

Sí, en México nos urgen héroes… pero más que ello nos urge la frecuencia de ellos, porque sólo cuando esto se dé, podremos abandonar un poco este vacío; cuando ganar se nos haga común, cuando los logros como país y como individuos se sucedan unos con otros, cuando nuestra identidad no dependa de vestirse tricolor y gritar ¡Viva México Cab…ezones!

Cuando eso llegue a suceder, entonces y sólo entonces, habremos olvidado nuestra solitud, encontrando un nuevo rostro, un nuevo yo, que nos ayude como mexicanos a redefinirnos y a salir de este terrible y necesitado laberinto de la soledad.

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