La Ciudad de México, un lugar imposible para vivir

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Al parecer, en opinión de muchos, la Ciudad de México se está volviendo un lugar imposible para vivir, literalmente, ya que al parecer, a nuestro gobierno no le basta el descontento popular de tener sitiada la megalópolis con obras por todos lados; sobra decir, mal planeadas; sino que además de ello, se está sumando el grave problema del desabasto de agua, mismo que se agudizará la siguiente semana ya que por primera vez, se le cerrará la llave al 100% al D.F.
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12 tips para evitar un secuestro

El secuestro en nuestro país ha crecido de forma alarmante; si bien, por desgracia, no hay garantía de no ser secuestrado es recomendable tomar varias medidas de prevención y seguridad:

1) No utilizar modelos de automóviles llamativos.
2) Los cristales con película anti-asalto lo podrán proteger o al menos brindar tiempo de reacción.
3) Haga caso a su intuición. Si algo o alguien le parece sospechoso, aléjese.
4) Cambie de forma constante sus horarios, rutas e itinerarios. Esto impide formar patrones de su comportamiento.
5) No conduzca o camine por calles poco transitadas o en zonas poco vigiladas.
6) Instale un localizador GPS en el automóvil, para que la policía pueda conocer la ubicación del auto.
7) No hable acerca de sus posesiones, ahorros o inversiones delante de extraños.
8 Sea discreto en su forma de vestir; evite los excesos y las joyas.
9) Evite usar el celular mientras maneja. Le permitirá estar alerta.
10) Maneje por carriles centrales para tener mayor margen de maniobra.
11) Al salir de casa, observe con cuidado el panorama a fin de localizar situaciones riegosas.
12) Al llegar a casa de por lo menos una vuelta a la manzana para verificar si hay personas sospechosas cerca.

Ser patriota o patriotero; el significado en México

Llega un aniversario más de nuestra independencia. hoy, muchísimos mexicanos alrededor del mundo, comeremos típico y daremos “el grito” en punto de las once.

Hoy nos sentiremos mexicanos sin divisiones, pues por un momento, por algunos breves instantes olvidaremos el color de nuestros partidos, de nuestros equipos, de nuestras religiones y gritaremos al unísono ¡Viva México!

Sin embargo, qué significa ello ¿es un acto de patriotismo o de patrioterismo?

Veamos qué significa uno y otro:

Patriota es aquella persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien.

En México, un patriota es el que todos los días trabaja y trata de desempeñar lo mejor que puede su actividad, a sabiendas que ello le hace bien a su persona, a su familia y a su país.

El patriotero trata de trabajar las menos horas posibles, se queja de lo arduo de su actividad, de la poca paga, de lo esclavistas que son sus jefes y los pocos días libres que se le conceden.

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Iluminemos México, la marcha, ¿Servirá de algo?

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Decenas de miles de ciudadanos vestidos de blanco, participaron en la marcha “Iluminemos México”, desfilando por la calle de Reforma y hasta el zócalo, donde entonaron el Himno Nacional.

La plaza se iluminó con las veladoras encendidas de quienes reclaman mayor seguridad y fin a la impunidad. Las campanas de la Catedral Metropolitana repicaron en señal de solidaridad.

Y ahora viene la pregunta real, punzante, dolorosa ¿Servirá de algo?

Y no, no es una cuestión de falta de solidaridad para con aquellos que asistieron al albeo ejercicio en búsqueda de una sociedad más justa. El movimiento en sí tiene mucho valor. La pregunta va dirigida a las autoridades, pues a pesar de que se les dijo “Si no pueden, renuncien”, es bien sabido que nadie va a renunciar… así como es bien sabido que más de la mitad no hacen bien su trabajo. Entonces no es un dilema de conciencia; es un dilema de corrupción, que se ha permeado en México desde su piel y hasta los huesos.

México es un país que está agonizando, no por la pobreza, no por el narco, no por la inseguridad, sino por la corrupción de sus autoridades que sólo buscan satisfacer sus propios intereses durante el tiempo que les dure el cargo… y sí, por desgracia, el fenómeno sucede a todos los niveles. De modo que cuando México hace estas marchas, (no olvidemos que la última apenas tiene cuatro años —27 de junio de 2004—), la pregunta es válida ¿Servirá de algo?

Más vale que sí, porque al parecer esta sociedad se está cansando y no vaya a suceder que el catalizador que active una verdadera respuesta, sea aún más violento que la violencia contra la que luchamos, como lo dejaron patente algunos de los gritos de ayer.

Cómo cuidar la salud espiritual

Hace unos días, una amiga mía me contaba que había visto por primera vez, un capítulo de la nueva serie televisiva, “Mujeres asesinas”, que se transmite por Cablevisión y al parecer está causando mucho revuelo.

Me dijo que cuando terminó de verlo se sintió mal; que la sensación emocional al finalizar el episodio era de un desánimo momentáneo.

Es verdad que el programa y la televisora tienen todo el derecho de generar las transmisiones que deseen y con los contenidos que gusten; ése no es el problema. El problema es ¿estamos dispuestos a verlo?

Es decir, la libertad de expresión, en este país, de acuerdo a la ley, es total; por lo que cualquiera puede generar un programa de TV y mostrar lo que guste. Sin embargo, los televidentes debemos estar seguros de qué dejamos entrar en nuestra casa.

Personalmente no dejo a mis hijos fumar porque son menores de edad y sé que el cigarro, aunque legal, les hará daño a su salud, a su cuerpo… La pregunta es ¿también los protejo de aquello que les hace daño a su espíritu?

La respuesta podría ser sí en muchos de los casos, sin embargo, al aplicarla a nosotros mismos ¿También respondemos que sí?

Porque hay que ser honestos y recordar cuántas veces hemos visto escenas en el cine, la prensa o la televisión, que se nos han quedado grabadas en nuestras mentes, en nuestras almas y no las hemos podido borrar.

No, el problema no está en que haya programas de TV crudos, películas violentas, filmes gore o publicaciones de nota roja. ¡Qué bueno que existen! porque son un reflejo de libertad social. La cuestión es hasta donde me permito adentrarme sin dañarme.

La problemática es que no todos guardan el mismo criterio; no todos pueden manejar igual sus sentimientos y emociones; no todos podemos presenciar lo dantesco y salir ilesos.

Repito… es una cuestión de salud, sí; pero de salud espiritual.

Tan sólo un punto de vista.