En busca de la felicidad

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Reseña del cinta The Pursuit of Happyness (En busca de la Felicidad) con Will Smith, pelí­cula que demuestra el poder de la voluntad humana cuando se tiene un sueño y un hijo por quien luchar. Tomada de Cinengaños

Manipuladora, es cierto. Melodramática, también. Chantajista, tal vez. Pero como mi abuela solí­a decir —Al perro más flaco se le cargan las pulgas— o —Suele llover sobre mojado—.
The Pursuit of Happyness (sic) es una fábula multi emocional, señalada desde su inicio como verí­dica. Ubicada en 1980, la historia narra un perí­odo en la vida de Chris Gardner, un joven vendedor que, en una mala decisión, decide invertir todos sus ahorros en un gran lote de scanners para la industria médica con el fin de comercializarlos. El problema, como se da cuenta más tarde, se llama innovación tecnológica, ya que los aparatos comienzan a ser caros y algo obsoletos, sin embargo él insiste en vender hasta la última pieza para recuperar su dinero. Obviamente, al paso de los meses, la pobreza comienza a ser bienvenida en su puerta, lo que detona que su matrimonio naufrague y que Chris, finalmente abandonado, deba abrirse paso en el mundo para subsistir… con su pequeño de cinco años.

Lo anterior es sólo preámbulo, pues lo que sigue a continuación es una cascada de desgracias que se apilan una sobre otra, haciéndonos preguntar en cada ocasión, si nosotros nos colapsarí­amos en ese momento o seguirí­amos luchando un poco más, con la esperanza de llegar a la luz al final del tunel. La verdad es que muchos se derrumbarí­an antes siquiera de intentarlo.

Will Smith, en uno de los pocos roles dramáticos de su carrera, demuestra por qué ha sido nominado al Oscar. Su interpretación es un absoluto dominio histriónico de un personaje atrapado en una batidora emocional. De la risa al llanto, de éste a la desesperación y de vuelta a forzar una mueca feliz pues ¿cómo le dices a tu niño que no tienes lo necesario ni siquiera para sobrevivir? Definitivamente, junto con Ali, ésta es la mejor interpretación en la carrera de Smith.

A su lado, Jaden Smith, su hijo en la vida real y en la cinta, es el retrato de cualquier chico que enamora a la audiencia, mostrando el poder de su herencia en su conmovedora mí­mica y en su mirar. El niño ha entrado con buen pié a Hollywood.

Decir que la cinta versa sobre el poder del amor absoluto de un padre por su hijo y los sacrificios que debe hacer para seguir adelante, serí­a una miopí­a torpe y denigrar al producto a un capí­tulo estúpido de cualquier talk show melodramático o la versión Hollywoodense de “Remi conoce San Francisco”. No, la cinta tiene más fondo que esa forma sosa y vana.

Y es que sin pretender serlo tácitamente, se convierte en un señalamiento a lo despiadado y ruin del sistema — y no sólo del americano — sino de cualquier parte del mundo, donde el billete es deidad y la pobreza una peste; con gobiernos que, mientras le paguen impuestos, no les importa si sus ciudadanos tienen para comer o sus hijos dónde dormir, pues la miseria está más cerca de ser considerada criminal que digna de lástima. Un mundo donde gigantes corporativos pueden tener trabajadores a prueba durante meses sin goce de sueldo mientras éstos sueñan con pertenecer a su “élite”; civilización (sic) en la que aquel que quede tirado en el camino, a menos que se levante por sí­ mismo, será pisoteado y olvidado por la horda inhumana que busca sobrevivir. Ése es el mundo y no hay escapatoria. Ése es el sistema.

Estados Unidos se autollama la tierra de la oportunidad y su declaración de derechos tiene impresa la frase que da pié al tí­tulo de la cinta: La búsqueda de la felicidad. Ironí­a sarcástica que queda maravillosamente expresada en el pequeño juguete del paopérrimo niño: un Capitán América.

Aún cuando está dirigida en un tono que podrí­a juzgarse manipulador y emocionalmente predecible, la cinta está llena de nudos climáticos que efectivamente se convierten en nudos de garganta; y no obstante tanto melodrama, The Pursuit of Happyness es una buena fotografí­a de la frágil lí­nea que divide la clase media baja de la miseria… un resbalón y la caí­da puede parar en un refugio mendigando comida.

El clí­max, sin ningún efecto especial, sin largos diálogos ni grandilocuencia, es sin embargo, poderoso y a más de uno arrancará las lágrimas, porque como el mismo protagonista suele decir en uno de sus monólogos, —tal vez la felicidad es algo que sólo se persigue y nunca se alcanza—.

Una cinta para reflexionar sobre nuestras decisiones, nuestra familia, la sociedad y el futuro; un producto para hacernos pensar en nuestros hijos y en qué nos (les) depara el mañana; y ya que una pelí­cula pueda hacer eso en dí­as tan cí­nicos como los que vivimos, es algo que se tiene que agradecer.

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