El despojo a los ancianos

Despojo a los ancianos

Doña Tere se siente traicionada por su propia hija. Tiene 75 años de edad y, según los cálculos que ha hecho en sus innumerables noches de insomnio, el dinero que tiene disponible en el banco sólo le alcanza para mantenerse otros tres años más.

Después de 41 años de un arduo trabajo como auxiliar contadora, doña Tere pudo adquirir un departamento, un inmueble que está valuado en 350 mil pesos y que su hija decidió vender bajo la promesa de que el dinero le serviría para pasar sin preocupaciones la última etapa de vida.

“Mi hija realizó un trato con un banco que ni siquiera sabía que existía, es un tal Banco Satélite y no sé cómo le hizo, si dio un dinero o no sé qué, pero en ese banco le dieron dos tarjetas para poder retirar el dinero, una que me dio a mí y otra que ella misma usaba y con la que sacó 120 mil pesos sin mi consentimiento”, explicó doña Tere.

Al revisar uno de sus estados de cuenta pudo enterarse que su dinero en lugar de generar intereses, disminuía, debido a que su hija realizó varios retiros sin consultarla antes.

“Cuando le reclamé mi hija me dijo: ‘si no confías en mí pues tú tendrás que hacer todas tus cosas sola’”, recuerda.

Y así es. Doña Tere tiene ya cuatro años y medio en un hogar para adultos mayores, sola, sin su departamento y padeciendo varias enfermedades para cuyo tratamiento requiere comprar medicamentos continuamente, muchos de ellos con un costo elevado.

Sólo les queda la resignación

Por cada diez denuncias por diferentes tipos de maltrato o abuso que presentan los ancianos en el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), tres se refieren al despojo patrimonial.

Luego de consumado el despojo, ocurre además el abandono.

María Olga Sánchez Pérez, jefa del Departamento de Asesoría Jurídica del Inapam, señala que en la mayoría de los casos, a los adultos mayores no les queda más remedio que la resignación, pues “por desgracia llegan llorando cuando ya no se puede hacer nada porque firman documentos, incluso ante notario público y las instituciones no podemos ir en contra de la ley, no podemos hacer nada cuando confían en sus hijos o sus familiares o en extraños y ceden derechos de su patrimonio”.

Patricia Rebolledo, directora del Hogar para Ancianos Un granito de arena, advierte que este problema se agudizó en el último año, pues en época de crisis económica los hijos suelen recurrir a los adultos mayores para pedir préstamos “que ya nunca regresan” y en el peor de los casos, para despojarlos de sus propiedades.

Señala que el despojo ocurre mediante engaños o promesas realizadas por los propios familiares “y entonces los adultos mayores, como padres o abuelos, nunca se va a negar a ayudar a sus seres queridos”.

Además de que cuando sucede el despojo pocos son los ancianos que se atreven a denunciar ante las autoridades a sus propios familiares.

De acuerdo con el Código Penal federal, comete el delito de despojo aquél que “de propia autoridad y haciendo violencia o furtivamente, o empleando la amenaza o engaño, ocupe un inmueble ajeno o haga uso de él, o de un derecho real que no le pertenezca”.

En otros casos no sólo ocurre el despojo, pues los familiares al asumir la propiedad de los inmuebles terminan incluso con los ahorros de toda la vida de los adultos mayores.

“Tuvimos el caso de una señora que llegó a este hogar con demencia y sus hijos se quedaron con una casa que ella tenía en Acapulco. El dinero que obtuvieron por la venta de ese inmueble se lo acabaron los hijos y después no tenían dinero ni para pagar por la estancia de su mamá en este lugar”, relata Patricia Rebolledo.

Los enemigos en casa

Carlos Ruiz, abogado especialista en delitos patrimoniales, explicó que aunque obtener las propiedades bajo engaño es un delito “es muy difícil comprobar con elementos que ocurrió tal despojo”.

“Por lo regular a los adultos mayores se les engaña y ellos, por no querer confrontarse con sus familiares, acceden a ceder la propiedad de sus inmuebles y nosotros como abogados ya no podemos hacer nada para devolver esos bienes al afectado”, insiste.

Señala que, por lo regular, antes de que ocurra el despojo, los adultos mayores han relatado la forma como sus familiares empiezan a “hacerlos a un lado” para disponer de sus bienes.

“Cuando un anciano es propietario de una casa grande, por lo regular, los hijos y sus nuevas familias se van a vivir con ellos porque siempre han vivido ahí y porque les resulta cómodo no tener que pagar renta o comprar su propio inmueble. Y cuando la persona se enferma empiezan los problemas porque poco a poco los que viven con él comienzan a asumir, con documentos firmados y todo, el manejo del dinero, incluso de las pensiones y de los bienes inmuebles”, explica Carlos Ruiz.

“Luego, cuando ya tienen el control de los recursos empiezan a hacer a un lado a los abuelos o padres y terminan, en el mejor de los casos, viviendo en el cuarto de servicio y, en el peor de los casos, abandonados en un asilo para ancianos”, indica el abogado.

El engaño

María Olga Sánchez Pérez, jefa del Departamento de Asesoría Jurídica del Inapam, comenta que también los extraños cometen despojo patrimonial.

“Hay muchos adultos mayores que viven solos y personas que logran ganar su confianza hasta que obtienen finalmente los bienes con los mismos engaños o personas y empresas que los estafan cuando intentan vender su casa y no les dan todo el dinero que les corresponde”, explica la especialista.

Para evitar esta clase de engaños, la funcionaria recomienda a los adultos mayores que antes de vender o ceder la propiedad de un inmueble a un familiar o a cualquier persona se asesoren legalmente sobre las posibles repercusiones de esa transacción.

Patricia Rebolledo, directora del Hogar para Ancianos Un granito de arena, considera que otra importante medida que puede prevenir el despojo patrimonial es la sensibilización por parte de los notarios públicos.

“Hay notarios públicos que cuando tienen que certificar la venta de un inmueble o la cesión de derechos de una propiedad de un adulto mayor verifican que éste no actúe bajo ninguna presión, que tenga la capacidad mental para tomar esta decisión y que no esté consumiendo un medicamento controlado que esté afectando su estado de conciencia”, asegura.

Otra alternativa, sugiere Rebolledo, es la elaboración del Reglamento de la Ley de Atención a los Adultos Mayores que obliga a los familiares a darles protección y alimentos, pero cuyo incumplimiento no es sancionado.

Tras su triste experiencia, doña Tere prefiere dar un mensaje a todos los adultos mayores para que no confíen ni en sus propios familiares:

“Como una vez me dijo un padre: ‘el dinero no se le confíes a nadie, ni a tus propios hijos’”.

Con el poco dinero que le queda, doña Tere tiene planes de irse a vivir con su hermana para compartir gastos.

“Estoy muy a gusto en este hogar para ancianos, todos me tratan de maravilla, pero me preocupa que después no tenga dinero para pagar mi estancia y me tenga que ir a la beneficencia pública”, expresa con evidente preocupación.

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