¿Cómo decirle a mi hijo que nos vamos a divorciar?

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Hijos de padres separados

Muchas parejas deciden separarse cuando creen que tienen una relación poco favorecedora.

Esto es un punto muy importante ya que supondrá la separación del núcleo familiar. Toda separación implica un cambio de hábitos, costumbres familiares, actitudes, etc, además de un distanciamiento fí­sico de algún cónyuge.

La situación se complica cuando hay hijos

Cuando la pareja tiene hijos, la separación se hace más complicada y es función de los padres llevar el tema de la mejor manera posible para que la salud psí­quica de sus hijos no se resienta.

Todos conocemos casos de parejas con un resultado muy negativo en las cuales la comunicación de los padres se vuelve agresiva o inexistente, con lo cual se genera mucha dificultad para llegar a acuerdos y a un final feliz para todos. El resentimiento, los rencores y la culpabilidad hace que los dos adultos se dediquen insultos y amenazas para hacerse daño o para eludir su parte de responsabilidad.

En algunos casos se utiliza a los niños para que hagan de mensajeros poniéndolos en una difí­cil situación; tengamos en cuenta que los niños quieren a sus padres por igual y que no van a entender porqué ya no se quieren.

Todas las situaciones que generen cambios importantes resultan difí­ciles para todos. Recuerda cuando cambiaste de domicilio o de puesto de trabajo; los primeros dí­as te encontrabas desubicada y te costó un tiempo sentirte a gusto con el cambio. Esto ocurre a pesar de ser algo bueno y deseado por nosotros. Imagina como debe de sentirse un niño pequeño, el cual depende en gran medida de sus padres y los cuales deciden separarse. Ya no estarán todos juntos y la unidad familiar desaparecerá. En ocasiones deben cambiar de domicilio, de colegio, de cuidadora, etc.

Es un época de cambios

Todos estos cambios van a provocar en los niños muchos miedos y es fácil que retrocedan a una etapa anterior de su crecimiento. Si ya controlaban el pis o sabí­an comer solos, puede que vuelvan a hacérselo encima o que se nieguen a comer algo que no sea puré. Es su forma de readaptarse a la situación y si tenemos un poco de comprensión, pronto pasará.

Los cambios también les van a ocasionar incertidumbres y dudas que los padres deben ocuparse de aclarar. Van a generar miedo hacia el futuro y realizaran todo tipo de preguntas sobre como serán las cosas a partir de ahora. Intentad explicadles las cosas con naturalidad y en un lenguaje claro que no deje lugar a confusiones. Lo mejor es que conozcan la situación desde un principio.

Si les ocultáis las cosas no les evitaréis sufrimiento y haréis que las dudas sean mayores.

Te demandarán más atención
El miedo a lo desconocido va a jugar un papel importante y nos demandarán mayor atención y cariño. Intenta dedicarles todo el tiempo que puedas y evita comentarios negativos delante de ellos hacia tu expareja. Los niños no los entenderán, puesto que son cosas de mayores. Si les trasmites tu rabia, ellos pueden canalizarla hacia los demás o hacia sí­ mismos.

Algunas reacciones comunes

Cuando se produce una separación, por muy amistosa que sea, los cambios siempre van a darse y ello provocará en los niños una sintomatologí­a muy clara:

Surgirán problemas fí­sicos y enfermedades leves provocadas por el estrés.
Dificultades de sueño, hacen mal las comidas, cansancio, dolores estomacales. Son el resultado de la crisis por la que todos estáis pasando. Los mayores también van a desarrollar estos sí­ntomas y a medida que pase el tiempo y os vayáis adaptando a la nueva situación, irán desapareciendo.

Aparecerán también problemas relacionales con otros niños o con adultos: es fácil que desarrollen agresividad e ira como forma de canalizar su rabia ante los hechos. Van a sufrir una rabia contenida debido a un proceso de negación en el cual no aceptan lo que está pasando y reaccionan con agresividad. Cuando todo esté más calmado, ellos también se irán calmando. Van a ir comprobando cual es su nueva vida y puede que saquen cosas positivas de ella. Su forma de ver las cosas irá cambian a medida que experimenten los cambios y comprueban las consecuencias. De nuevo el miedo a lo novedoso les jugará una mala pasada. Como padre deberás de tener paciencia e intentar no castigar, es su forma de expresarse. Ayúdale a hablar sobre sus sentimientos y sus miedos e intenta ponerle las cosas fáciles.

También van a pedirnos más dosis de afecto y van a llamar nuestra atención de todas las formas imaginables. El miedo al abandono hará que necesiten más tiempo de juego y de cariño, es probable que dejen de estudiar, que se peleen con otros niños, que abandonen hábitos buenos que ya tení­an adquiridos . Todo ello forma parte de un sistema de defensa. Intenta comprenderle y tener paciencia, todo pasará .

En situaciones más difí­ciles pueden surgir desajustes emocionales, a menudo son leves y pasan con el tiempo, pero otras veces se cronifican a modo de enfermedad. Puede aparecen en el niño tristeza, malestar, ansiedad e incluso depresión. Por muy bien que hagamos la separación, de forma amistosa, con educación y respeto, toda la familia experimentará mucho malestar y los mismos sí­ntomas que experimenten los mayores pueden surgir en los pequeños. Puede que ya no se interesen por sus antiguos juguetes, que ya no interactué con otros niños o que no rí­a con los dibujos. Estar muy atentos a todas estas conductas y esperad un tiempo prudencial, hablando con él y ayudándole a expresarse. Si pasado este tiempo comprobáis que no sale adelante. Es el momento de acudir a un profesional. Todos los momentos en soledad y en silencio sirven para que tu hijo analice la situación y genere sus propios pensamientos al respecto, los cuales pueden ser irracionales. La comunicación es tu mejor arma, pero si aún así­ compruebas que sigue triste y malhumorado pide ayuda a un profesional.

Todos sabemos que la mente de los niños es muy fantasiosa e imaginativa y que a veces es difí­cil entrar en ella y hacerles entender ciertas cosas. Dependiendo de la relación que hayas establecido con tus hijos podrás comunicarte con él o no. Si sabes que no se habrirá a ti, pide ayuda a algun familiar con el cual sepas que se comunica mejor. El abuelo o el tí­o pueden ser alternativas para que le expliquen al niño la situación y se confí­e a ellos.
Si tu hijo es más mayor y está en la adolescencia, tendrás un problema añadido. Déjale su libertad para que pueda expresarse a su manera. Intenta mantener en casa un clima de cordialidad a pesar de su rebeldí­a y hazle participe de todas las actividades que realices en familia. La separación de los padres puede crearle falso sentimiento de libertad que deberás encargarte de controlar, poniéndole unos lí­mites y teniendo una comunicación fluida con tu expareja para llevar una educación paralela. Es muy común que cuando los padres están enfrentados, los lí­mites en la educación del chico le generen mucha confusión. Si un padre dice blanco y el otro dice negro, el chico se aprovechará de lo que más le interese y generará sus propios trucos para salirse siempre con la suya. Se arrimará al”ascua que más caliente” según la situación.

Todas las separaciones son complicadas al principio, pero si somos civilizados, pasado un tiempo podemos mantener una relación cordial con nuestra expareja, lo cual va a traer tranquilidad para todos y buenos resultados con los niños.

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