Carta a todos los patanes del DF

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Por Carlos Alazraki

Estimados Patanes:

Hace una semana exactamente, tomé un avión a Veracruz.
Lo que he vivido a partir de ese dí­a, suena más a una novela de Kafka que a la realidad.
Sé que me van a creer.
Sé que van a sentir la misma rabia que yo sentí­.
Sé que lo que les voy a contar, tiene solución.
Y sé que algún dí­a se podrá solucionar.
Para el resto del paí­s, les pido que terminen de leer mi carta, para que se den cuenta cómo vivimos entre salvajes.
Como les habí­a comentado, el martes a las 6:00 de la tarde tomé un avión a Veracruz.
El avión estaba en una estación remota, por lo que tuvimos que usar el”camioncito”.
Las primeras 4 sillas de cada lado del camioncito, estaban marcadas para viejitos o personas discapacitadas.
¿Por qué se sentaron 2 personas sanas y de edad media sin importarles el aviso?
Les pregunté si estaban enfermos y me contestaron que no.
Por supuesto saben que ni siquiera se molestaron en pararse…
¿Pueden creerme que al dí­a siguiente a mi regreso pasó exactamente lo mismo?
La diferencia fue que ahora se sentaron en esos lugares, 8 personas sanas y de edad media!!!
Sentí­ una rabia, que no puedo explicarles.

Al dí­a siguiente fui a una junta a Santa Fe…
La cola de coches desde Lomas Altas hasta Constituyentes, siempre es una cola larga.
El 90 % de los conductores, la respetamos.
¿Por qué no un maldito taxista que rompe la lí­nea, se mete al carril contrario y se aprovecha del civismo de todos nosotros para pasarnos alegremente?
Otra:
Enfrente a Los Pinos, la calle se divide en 2.
Una nos lleva a Reforma, la otra nos lleva a Arquí­medes.
La cola es muy larga… hay que tener paciencia…
¿Por qué no unos 10 coches que rompen la fila para meterse hasta adelante y así­, ni dejan pasar a los que van a Reforma, y arman un nudo para meterse a la fuerza al carril que los lleva a Arquí­medes.
La última:
El viernes pasado tomé el avión a Tijuana.
Llevaba un cachorrito para regalárselo a un amigo.
Como buen ciudadano previsor, llegué hora y media con anticipación.
Me checo en clase premier.
Pongo al cachorrito en su jaula y me llevo la primera sorpresa:
“Pase a pagar el boleto de su cachorrito a las cajas 7 y 8”.
Pregunto: ¿desde cuándo cobran el boleto a los perros?
Desde siempre… me contestan.
Me voy corriendo a mi destino, cuando veo una pequeña cola de 5 personas.
2 adelante de mí­ y 3 personas atrás.
Como es lógico, en la caja 7 no habí­a nadie.
Y en la caja 8, un dependiente con cara de pocos amigos…
Para hacerles el cuento corto:
Llegó la dependiente de la caja 7 y se fue el de la 8 sabiendo que habí­a una cola que atender.
Después de 40 minutos… (leyeron bien) pude pagar…
Por supuesto que fui el último en subir al avión…
Ya sé que muchos de ustedes están de acuerdo conmigo por la falta de civismo que vivimos en nuestra ciudad.
Y que también se quejan por la calidad en el servicio de muchas empresas.
¿Por qué tenemos que seguir dejándonos?
¿Por qué no hacemos algo al respecto?
¿Por qué dejar que tantos patanes salvajes hagan lo que se le plazca?
¿Por qué el resto del paí­s es mil veces más civilizado que nosotros?
¿Por qué el resto del paí­s sí­ espeta la ley?
¿Por qué el resto del paí­s sí­ se para en los altos, respeta las señales de tránsito y nosotros no?
Yo no encuentro la respuesta.
Supongo porque nuestras autoridades son muy tibias, y los castigos también.
Sé que el nuevo reglamento de tránsito del DF puede ayudar.
Y también sé que el cambio inicia con uno mismo.
Si nosotros forzamos el cambio, sé que podremos mejorar.
Los invito a que no nos dejemos, que alcemos la voz, y que le exijamos más a nuestras autoridades.
Sé que juntos lo podremos hacer.
Yo por mi parte, me ofrezco hacer una campaña cí­vica gratis.

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