Beneficios de vivir juntos antes del matrimonio

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Hace unos años pensar que una pareja pudiera vivir o al menos convivir antes del matrimonio era considerado una afrenta social, sin embargo, los cánones se han distensado un poco y esto comienza a ser más común.

Es obvio que ningún padre estaría de acuerdo con ese comportamiento con sus jóvenes hijas, pero dejando de lado estas situaciones ¿Hay beneficios de esta convivencia?

Estudios demuestran que actualmente tres de cada diez parejas presenta depresión postnupcial, fenómeno en que las parejas que se casan con la ilusión de que todo será ideal, se enfrentan a la realidad, originando síntomas ansiosos o depresivos.

El psicólogo de la Universidad de Chile, Juan Yánez, explica que al menos tres de diez personas que se casan presentan algún síntoma como irritabilidad, hipervigilancia de los errores propios o ajenos y disforia.

Por su parte, el psicólogo Domingo Izquierdo agrega que estas personas configuran distimias -depresiones leves-, incluyendo disminución del deseo sexual y alteraciones en el sueño.

Yánez explica que este problema psíquico proviene de noviazgos largos y que esperan un periodo prolongado para casarse, buscando mejores condiciones para llegar al altar.

Un síntoma, explican, es que el novio espera que su esposa luzca al levantarse como cuando era cortejada, mientras que ella espera que su marido tengas las mismas atenciones de antes, cuando la mayor preocupación de éste es el trabajo y pierde la atención hacia ella.

Los especialistas advierten que uno de los “errores” más comunes es creer que la llegada de los hijos puede mejorar la relación de pareja.

La psicóloga Martha Soto recomienda que las parejas tengan periodos de convivencia como una medida para evitar desilusiones, hacer viajes juntos o tener vacaciones también resulta saludables a fin de conocer cómo se desenvuelve la otra personas en su cotidianidad.

No obstante, enfatizan que la convivencia no evita pasar por un proceso de adaptación y a veces las parejas que conviven también se casan esperando que el matrimonio mejore la relación.

Así que, la próxima vez que su hija diga —Papá, voy a vivir con mi novio— piense, si la decisión es ya inevitable, qué tan desastroso… o benéfico puede ser. Tal vez sea lo que haga falta para alejar definitivamente a ese moscón ¿No lo cree?

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