La partida de los hijos o el nido vacío

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Sí­ndrome del nido vacío

Más allá del inevitable ejercicio de extrañar, la partida de los hijos puede llegar a desencadenar una fuerte depresión, sobre todo en las mujeres. Como para ponerle atención al asunto, porque se trata de un proceso natural que tarde o temprano llegará y que afecta en mayor o menor grado, a casi la totalidad de las madres.

Señora, se le está desgranando el choclo” -fue la frase que hizo entrar en cuenta a Norma. Una mujer de 54 años que por estos dí­as enfrenta el reciente matrimonio de su hija mayor y el pronto peregrinar de su segundo hijo de 26 años. Y aunque confiesa no sentir -por ahora- tanta ansiedad con la nueva realidad familiar, reconoce que el hogar no es el mismo.

“Se siente un agujero, como un vací­o muy extraño, pero no tengo depresión… al menos eso creo” Y es que Norma aún sigue profundamente ligada a su hija. La ayuda a armar la nueva casa y entre detalles cotidianos se pasa el dí­a junto a esta “nueva amiga”. Una buena fórmula -dirí­an los especialistas- pues entre muchas cosas, recomiendan cultivar una relación de “igual a igual” con los hijos.

Sin embargo, la misma Norma sabe que recién comienza una dinámica familiar distinta. Un proceso que -aunque natural- muchas parejas no logran integrar a cabalidad: la partida de los hijos y la consecuente necesidad de reestructurar el orden, tanto de sus propias vidas, como del hogar que antes compartí­an con otras personas que ya no están.

Sí­ndrome del “nido vacío”, se le llama a esta resistencia sicológica que -a juicio de la sicóloga Marta Escobar- afecta en su gran mayoría a las mujeres. ¿La razón? Más que indicarla desde una perspectiva real de quiebre familiar, la profesional se refiere a la proyección cultural que históricamente ha determinado a la mujer en su rol maternal.

“Incluso, socioculturalmente se cree que las mujeres somos”, en tanto llegamos a la maternidad. Entonces se corre el riesgo de ubicar exclusivamente el sentido de nuestra vida en criar, educar, guiar… y de pronto nos damos cuenta que no están”, describe la sicóloga y lanza la pregunta clave que llena de miedos a muchas mujeres:

¿qué hago ahora conmigo y con el otro que es mi pareja?

Ahí­ está parte de lo que la terapia y la propia intención de quien atraviesa esta etapa, ayudan a descubrir. Re-encontrarse con las metas, los placeres y aquellas cosas que como individuos queremos hacer. “El sentido de vida y de mi qué hacer es fundamental”, señala la especialista y agrega que se trata de un replanteamiento total, cuando realmente los hijos han sido el único eje en la vida de una mujer.

Pero contrario de lo que podrí­a creerse, muy pocas mujeres sienten que este proceso vital otorga nuevas libertades para ser y hacer. La profesional explica que el sí­ndrome del nido vací­o es muy común en nuestro paí­s y añade que por lo general se presenta en mujeres mayores de 50 años, de clase media alta, profesionales o amas de casa, que han trabajado muy poco su propia autorrealización. De esta manera, se desdibuja un sentido de vida que dependa de uno mismo y no de los otros.

Ante esta realidad, Marta Escobar tiene su propia hipótesis. “La partida de los hijos no produce en sí­ un vací­o, si no que deja en evidencia el que siempre ha existido y no hemos sabido percibir”.

De ahí­ la importancia de manejar la depresión que va asociada a este llamado sí­ndrome, que muchas veces coincide con el climaterio y un posible desorden hormonal. Este deterioro emocional puede alargarse y confundir profundamente a quien la sufre, desorientándola respecto de su propia existencia.

“Llega un minuto en que la mujer tiene que plantearse esta cuestión, ojalá a más temprana edad que tarde. Va a existir entonces un fundamento de lo que uno quiere hacer con su vida”, indica la especialista.

Misión cumplida

Ya en la adolescencia los hijos empiezan a buscar su propia identidad y esto significa que comienzan a salir de casa. Campamentos, amigos, fiestas y pololos, un proceso natural que a juicio de la profesional, hay que saber percibir y entender desde sus inicios. Pero no sólo como una etapa de la juventud, sino como la manifestación certera de que ellos también son seres humanos independientes en la búsqueda de su propio sentido vital. Cuestión que debiera repercutir obviamente en los padres y prepararlos para una -entonces- lógica y no traumática partida de los hijos.

Sin embargo, muchas mujeres parecen no percibir o aceptar conscientemente este desarrollo y el golpe se produce cuando la migración del hogar se hace efectiva, cuestión que en Chile sucede en promedio después de los 20 años. “El ejemplo patente en el cual ya debiéramos comenzar a integrar esta etapa, es cuando los hijos encuentran una pareja estable y seria, a la que comienzan a dedicar el fin de semana completo y hasta más tiempo que a la propia familia”, indica la profesional y agrega que es un hecho”absolutamente natural”.

Pero estamos hablando de lo ideal, porque el apego no dimensionado a los hijos es, en nuestro paí­s, una cuestión muy presente. Y en este sentido, la profesional advierte que “cuando las personas no se permiten a sí­ mismas la autorrealización, tampoco dejan que sus cercanos lo hagan. Entonces me apego al hijo como si él fuera parte de mi realización y quiero que él sea a mi manera”, enfatiza.

La determinación sociocultural y las caracterí­sticas individuales, determinarán la capacidad de cada uno, por aceptar y entender el desarrollo de los hijos. Algo que la terapia también ayuda a descubrir.

Sin embargo, cuando la mujer ha llegado a esta etapa y siente la angustia que genera el nido vací­o, Marta Escobar es clara: “intento trasmitirles que después de los 50 tienen permiso para hacer de todo, porque ese deber ser ya está cumplido, pero –obviamente– esto hay que descubrirlo y experimentarlo”.

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