La crisis de los 40

¿Crisis a los cuarenta?
Mitos y realidades.

En la vida de hombres y mujeres, la llegada de los 40 marca un punto de inflexión. Se inicia un perí­odo de cambios biológicos, psicológicos y sociales. ¿Cómo se atraviesa esa etapa, en el umbral de la madurez?
Si se tienen en cuenta las expectativas de vida en la actualidad, se puede decir que, a los cuarenta, estamos en la mitad de nuestro recorrido por este mundo. Psicológicamente, traspasar este umbral conlleva una gran carga de responsabilidad porque el ciclo vital se nos divide en dos mitades: una, la de la juventud, que llegó desde la ingenua infancia, donde a medida que crecí­amos í­bamos forjando las ilusiones y, poco a poco, luchábamos por proveernos de herramientas para ir conquistando aquellos deseos que fuimos creando. La energí­a, entonces, es mucha y la vitalidad está orientada a construirnos un lugar en el mundo.

Cuando cumplimos los treinta, ya se comienza a percibir el sabor de cierta nostalgia por aquel tiempo pasado envuelto entre la irracionalidad y la espontaneidad. Los años comienzan a ganar velocidad y empezamos a reparar en el peso de nuestras responsabilidades en la sociedad.>

Pero, casi sin darnos cuenta, llegamos a los cuarenta y, ahora sí­ que hemos recorrido un buen trecho en nuestra vida, el más vital, y nos encontramos irremediablemente en la frontera de la madurez. Es entonces cuando nos planteamos casi todos la misma cuestión: ¿hemos logrado cumplir con nuestros sueños?, ¿qué es lo que hemos conseguido en todos estos años en los que el cuerpo y el intelecto estaban en su máxima potencialidad?.>

Los cuarenta son percibidos como el principio de un tobogán por el cual nos precipitaremos hacia la vejez.>

Cambia, todo cambia

Los cambios que se producen a partir de ahora son biopsicosociales. A nivel biológico se comienzan a observar cambios en el cuerpo, tanto en la psiquis como en el rendimiento fí­sico y empiezan a registrarse las primeras limitaciones.

En cuanto a nuestros hijos, ya han crecido lo suficiente como para ser más independientes y tienden a alejarse del hogar familiar, lo que fuerza a los padres a volver a verse solos.>

Pero si en los primeros años del matrimonio existí­a la ilusión de la juventud y la esperanza de esos primeros retoños, con el paso de los años y tras haber luchado por los hijos y en la vida, el hueco dejado por ellos suele separar ahora a la pareja. Es la edad, por ello, en la que las separaciones son más frecuentes.>

El rol de cada uno en el matrimonio muchas veces ha perdido su carácter exitante, por la frenética actividad y las múltiples preocupaciones que conlleva una vida familiar.>

Aquellas oportunidades perdidas

A los cuarenta, el trabajo se desacelera y los objetivos y actividades diarias se ralentizan. Hay más tiempo para pensar en aquellas cosas que quisimos hacer, pero nuestra tarea diaria nos lo impedí­a. Tendemos, por inercia, a mirar hacia atrás y son muchos los que piensan que han perdido el tiempo y que han dejado de vivir intensas experiencias a causa de las tareas domésticas y de otras obligaciones.

La primera inquietud y más recurrente es la de querer buscar nuevas experiencias sexuales, volver a vivir aquellos amores fugaces y, sin embargo, tan intensos.>

El hecho de no experimentar la libertad sexual que ahora poseen los más jóvenes se concibe como una carencia de episodios vitales y se plantea la posibilidad de acceder a ese mundo erótico que, si no es experimentado a los cuarenta, difí­cilmente volverá a presentarse en nuestra vida.>

Un renovado concepto de belleza

El concepto de belleza cambia. Gana espacio la belleza interna, la armoní­a y la tranquilidad de espí­ritu para lograr esa otra belleza que nada tiene que ver con la ingenuidad ni con la frescura de los años jóvenes.

Sin embargo, en la actualidad no solamente para la mujer sino también para el hombre existen en el campo médico, dietético y estético muchas posibilidades que ofrecen fórmulas para conservar, además del cuerpo, la mente y el espí­ritu ágil. Desde la cirugí­a hasta los deportes especí­ficos, las dietas sanas y los cientos de cursos que versan sobre la armoní­a y el desarrollo de las potencialidades espirituales para intentar dominar las inquietudes del alma de la mejor manera posible, y olvidar que el paso de los años ha de significar angustia y temor.>

Es hora de comenzar a plantearnos la conquista del espí­ritu. No hay que olvidar que las crisis provocadas por la llegada de las tan temidas décadas, más tienen de mito que de realidad, y que, al fin y al cabo, cumplir treinta o cuarenta no deja de ser cumplir un año más en este pedregoso y maravilloso camino de la vida.>

Más cambios

La crisis de los 40 es mucho más real en la mujer que en el hombre, porque para ella significa el principio del ocaso de su ciclo menstrual y comienza la etapa de la menopausia, con los cambios psí­quicos que ello puede acarrear. Para ella no sólo es un paso fisiológico más en su vida, sino que además viene acompañado por la percepción profunda de que la fertilidad se aleja de su ciclo vital.

Además, como consecuencia de los cambios que transformarán su cuerpo, comenzará a vislumbrar el principio de la decadencia de la juventud: la piel comienza a dejar de ser tersa y la cintura comienza a ensancharse, los músculos pierden su firmeza y el rostro se surca de esas primeras marcas que el tiempo cincela de forma despiadada.>

Textos de Isabel Martí­nez Pita.
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Un Comentario para “La crisis de los 40”

  1. ¿Qué le pasa a mi esposo? el libro que te dará todas las claves para superar la crisis de los 40 de tu marido, sin terminar en divorcio. SE puede, y si te quedas esperando a que se pase su crisis…. seguirás esperando… pero sola!

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